Nada, la más compleja nada


La sensibilidad es cuestión de inteligencia
Junio 25, 2009, 2:44 pm
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A. R. Hace referencias a conversaciones en las que nunca estuvo, intertextualiza conmigo desde un plano existencial. Sí, lo sé, snobismo al poder. Sujetos como Goethe abundaron en experiencias de este estilo :)

Envíado hoy a las 11:37:

“Pongámonos de acuerdo sobre este punto: la tapa de un frasco, de un frasco sano cuyo borde no estuviera doblado, una tapa así no debería tener otro deseo que encontrarse sobre su frasco; esto debería ser lo supremo que pudiera imaginarse, una satisfacción imposible de superar, la realización de todos su deseos. ¿No es algo precisamente ideal eso de desarmar, paciente y sosegado, apretado por igual sobre una pequeña hinchazón, y sentir en sí la arista que encaja, elástica e igualmente penetrante, como cuando uno mismo está en el borde y yace solo? ¡Ah, pero qué pocas tapas hay que saben apreciarlo! Aquí se demuestra muy bien cómo las relaciones de los hombres con los objetos han complicado las cosas. Pues los hombres, en cuanto es posible compararlos de pasada con semejantes tapas, están sentados en sus ocupaciones a disgusto y mal humor. En parte porque en su prisa no han encontrado una ocupación apropiada, en parte porque los han encajado de manera oblicua y colérica y en parte porque los bordes sobresalientes que deben encajar están doblados cada uno de un modo diferente. Digámoslo con absoluta franqueza: en el fondo sólo piensan, tan pronto como se los deja, en saltar hacia abajo, rodar y sonar a lata. ¿De dónde vendrían, de lo contrario, todas estas supuestas distracciones y el ruido que producen?
Pues los objetos soportan esto desde hace siglos. No es extraño que estén corrompidos, que pierdan el gusto de su finalidad natural y apacible y que deseen utilizar la existencia como la ven utilizada alrededor. Intentan sustraerse a sus usos, se vuelven desganados y negligentes, y las personas no se asombran en absoluto de sorprenderlos en su desenfreno. Pues las personas conocen muy bien lo que ocurre, lo conocen por sí mismas. Se irritan porque son los más fuertes, porque creen tener más derecho al cambio, porque se sienten ilimitados, pero dejan marchar las cosas como ellos mismos se abandonan al andar. Sin embargo, cuando alguien ha hecho un es fuerzo, un solitario, por ejemplo, que quiere reposar plenamente en sí día tras día, enseguida provoca la contradicción, la burla, el odio de los utensilios desnaturalizados, que, en su mala conciencia, no pueden soportar que algo sea coherente y aspire a alcanzar su propio sentido. Entonces se alían para perturbarlo, para asustarlo, para extraviarlo, y saben que pueden hacerlo. Entonces, haciéndose señas maliciosas los unos a los otros, comienzan su corrupción, que crece hasta lo infinito y arrastra con ella a todos los seres y a Dios contra el que está solo y acaso prevalezca: el Santo”.

Rilke