Nada, la más compleja nada


Gatos
marzo 11, 2013, 7:06 pm
Archivado en: Uncategorized | Etiquetas: ,

Cuando yo era chica sabía comunicarme con los gatos. Me dijeron que mi primo hacía lo mismo, debe ser algo de chicos.
Para mí era fácil, cualquier gato, al principio algunos son ariscos y hacen ese ruido, como que se quieren sacar algo de la garganta. Yo los miraba un rato largo e iba acercando la mano, los miraba a los ojos y sabía que siempre se terminan dejando tocar atrás de las orejas. Si hoy sacan un programa tipo “cat whisperer” seguro que te explica, pero cuando era chica me salía naturalmente comunicarme con los gatos.
Yo llevaba gatos a la casa, sobre todo en Marisol, porque había muchos y porque yo tenía tiempo. Mi abuela los hacía desaparecer y yo los volvía a llevar. Siempre tuve gatos libres porque esto es lo interesante: los gatos siempre vuelven.
Cuando tenía 9 años iba a un colegio cuyo límite era un manantial. Después del manantial había zarzas. “Los que iban en bicicleta” había abierto un camino entre las zarzas, casi al final del manantial. Ahora me doy cuenta de que no tiene sentido que hayan sido ellos, pero en ese momento esa explicación era totalmente coherente para mí. El camino unía un baldío con el colegio, en el medio el manantial y un puentecito. Una vez, en un rapto de aventura, me metí en el baldío y encontré un gatito negro. Lo amaba, todos los recreos le llevaba comida y jugaba con él. Mamá estaba embarazada y decía que los gatos le hacían mal y que era alérgica y que no quería un gato. Pero un día escuché que teníamos lauchas y por fin pude llevarme el gato a casa.
Me acuerdo el día que mamá vino, con su panzota, y me dejó meter el gato en el auto. Lo llevamos al veterinario de camino a casa. El veterinario nos dijo que el gato estaba preñado. Cosas que pasan, supongo, porque igual nos llevamos el gato a casa. El tema es ese: mamá era machista, pero no me hacía desaparecer los gatos.
Ese gato en particular nunca volvió. Yo estaba enferma cuando nacieron, me acuerdo que miraba por la ventana y me hicieron señas de que uno se había muerto. Quedaban tres. A mí no me interesaron mucho, pero mi gato negro no se aguantó los celos y a los pocos días se fue. Mamá me dijo que me hacía cargo yo y yo les daba la mamadera todos los días antes de ir a la escuela y cuando volvía. Pero ahora pienso que mamá también les debería dar de comer, incluso siendo alérgica y con su panzota, porque la escuela con el manantial tenía doble turno.
De los tres dos se fueron, pero el que quedó siempre volvió. Porque los gatos siempre vuelven.



A Letter in October
octubre 2, 2012, 7:26 am
Archivado en: Todo acá es categórico y alegórico | Etiquetas: , ,

A Letter in October
BY TED KOOSER

Dawn comes later and later now,
and I, who only a month ago
could sit with coffee every morning
watching the light walk down the hill
to the edge of the pond and place
a doe there, shyly drinking,

then see the light step out upon
the water, sowing reflections
to either side—a garden
of trees that grew as if by magic—
now see no more than my face,
mirrored by darkness, pale and odd,

startled by time. While I slept,
night in its thick winter jacket
bridled the doe with a twist
of wet leaves and led her away,
then brought its black horse with harness
that creaked like a cricket, and turned

the water garden under. I woke,
and at the waiting window found
the curtains open to my open face;
beyond me, darkness. And I,
who only wished to keep looking out,
must now keep looking in.



A Blind Woman
octubre 2, 2012, 7:02 am
Archivado en: Uncategorized | Etiquetas:

 

A Blind Woman

BY TED KOOSER

 
She had turned her face up into
a rain of light, and came on smiling.

The light trickled down her forehead   
and into her eyes. It ran down

into the neck of her sweatshirt
and wet the white tops of her breasts.

Her brown shoes splashed on
into the light. The moment was like

a circus wagon rolling before her
through puddles of light, a cage on wheels,

and she walked fast behind it,   
exuberant, curious, pushing her cane

through the bars, poking and prodding,   
while the world cowered back in a corner.
 
El audio, acá


Pasado
octubre 2, 2012, 6:29 am
Archivado en: Todo acá es categórico y alegórico | Etiquetas:

Hoy recorrí mails viejos buscando algo y por primera vez no me dio miedo. A todos los que preferimos el Capítulo 84 nos pasa lo de los seudópodos. Mails como largos brazos de un pulpo que busca iguales. Mails que tienen respuesta. Juegos de palabras. Poesía. La realidad sublimada, porque la realidad tangible es aburrida y/o está terriblemente poblada.
“Que no sea autorreferencial” piden en clase de escritura. La escritura para los amateurs es un brazo de un pulpo seudópodo.
Todo lo demás es muy vulgar. Las mujeres que chillan. Los hombres que se acomodan en el subte. La gente que se apasiona consigo misma pero son infinitamente vacuos y dan ganas de llorar o de reír o de ser un pulpo.
Los pulpos que buscan otros pulpos que en la madrugada quieren sublimar.



Supongo que toca
julio 6, 2012, 4:14 am
Archivado en: Todo acá es categórico y alegórico | Etiquetas: ,

volver a escribir
o algo
aunque sea pegar cosas lindas. O reírse, aunque sea dormida.
algo.



Sueño
julio 6, 2012, 4:10 am
Archivado en: Todo acá es categórico y alegórico | Etiquetas:

Hoy cuando me despertaron me contaron que me reía dormida.
Rarísimo.



La oligarquía verbal
mayo 13, 2012, 10:13 pm
Archivado en: Todo acá es categórico y alegórico | Etiquetas: , , ,

De Pubis Angelical, Manuel Puig, 1979.

- Nos presentaron otros amigos, y él al principio fue agresivo conmigo, me trató de oligarca, porque yo me arreglaba mucho para ir a la Facultad. Debió ser por eso. A la tarde.
- ¿Y después?
- Lo vi pocas veces, siempre un momento nada más, porque yo tenía que ir a comer a casa.
- ¿No era por las tardes que lo veías?
- Sí, pero allá en Buenos Aires decimos comer, en vez de cenar como dicen ustedes.
- Cenar es correcto en español ¿no?
- Y ustedes dicen comer al mediodía, y nosotros almorzar. Pero también allá hay gente que dice cenar. Pero esa es una cosa cómica, porque está visto como de clase baja.
- ¿Y por qué cómica?
- No, digo cómica porque justamente tiene que ver con algo de él, de Pozzi. Pero te lo cuento después. Hay palabras que allá están consideradas de clase baja, como rojo,… esposa, hermoso,… cena, y qué se yo. Y el primer día que vi a Pozzi, yo dije que tenía que ir a comer y él hizo un chiste y todos se rieron de mí, y me hizo quedar como una snob.
- Sigue.
- Yo fui educada así, en casa nunca se dijo rojo, siempre colorado. Y mujer en vez de esposa, marido en vez de esposo. Fue él que me hizo ver hasta qué punto era toda una cuestión snob, clasista ¿me entendés? Pero mientras tanto me hizo quedar mal, fue agresivo. Porque él estaba en toda esa onda, política. Había sido trotskista, y después se hizo peronista.
- Esas cosas de la política argentina me las tendrás que explicar, porque yo nunca pude entender lo del peronismo.
- Yo no creas que entiendo mucho.
- La cuestión de los de izquierda que se hicieron peronistas, para mí es incomprensible.
- Detalle importante: me llamó la atención lo mal vestido que estaba. No quiero decirte que anduviera de blue-jeans, porque eso no hubiera importado. No, trajes gastados, unos pantalones finitos y cortos, pasados de moda, el pantalón no le tocaba el zapato ni por broma. Y yo aplico a veces mi psicología de bolsillo y me da resultado, vas a ver. La deducción mía fue: si este hombre es tan buen mozo y anda tan mal puesto, es porque su físico lo tiene sin cuidado, es porque estará en otra cosa, más importante. En seguida vino todo el lío de mi divorcio.
- …
- Año 69. Y después lo volví a encontrar en un estreno, en un teatro. Yo estaba elegante que mataba, y él con esos pantalones de siempre, y el nudo de la corbata grasienta, la ropa que se ponía a la mañana para ir a Tribunales, y no volvía a la casa a la noche. Y me invitó a, bueno, a cenar, a la salida. Me lo dijo como chiste.
- ¿Y tú no lo corregiste?
- No, le dije que estaba bien dicho, porque después de medianoche se puede decir cenar.
- ¿Y él?
- Yo elegí un restaurant por ahí cerca, no de moda, para estar más tranquilos. Y ahí me agarró con la guardia baja, me preguntó si yo clasificaba a la gente, o peor todavía, esperá… si yo descartaba a la gente que me decía cenar en vez de comer, hermoso en vez de mono, etc. Me mortificó porque tenía razón. Me aseguró que esas palabras habían quedado así, desprestigiadas, por una maniobra de hace muchos años. De gente de clase alta. Un grupito que no tenía nada que hacer y quiso tenderles una trampa a los… ¿cómo dice él? Trepadores sociales. Entonces eligieron palabras con el mismo sentido, como rojo y colorado, y declararon de mal gusto una de las dos, pero en secreto, ¿entendés? Así quien la pronunciaba se delataba solo, que era de origen no alto.
- ¿Tú crees que los argentinos se merecen la fama que tienen, de snobs?
- ¡Claro! La clase alta no te imaginás lo que es, yo los conozco muy bien.
- …
- Yo había sido educada así, de chica mamá me corregía si yo decía la palabra equivocada.
- ¿Tu mamá es de clase alta?
- No, más o menos acomodada , pero alta no. Snob y basta. Y me olvidaba de lo peor, “tomar la leche” en vez de “tomar el té”. Peor todavía que decir “rojo”.
- ¿Cuál es de clase alta? Tomar el té, supongo.
- Claro, por el inglés. Pero es fantástico el poder de una palabra. Si alguien, alguna compañera del colegio, me invitaba a la casa a tomar la leche, yo no iba, me imaginaba una mesa sin mantel y unos jarros cachados con pedazos de pan flotando en la leche… hervida y vuelta a hervir, con una nata horrible. Que a lo mejor no era cierto. Después me di cuenta de lo geniales que eran esas rodajas grandes de pan con manteca, y azúcar encima, una costumbre popular allá.
- Pero engordarán muchísimo.
- La gente de clase alta es toda flaca flaca en la Argentina. Y es de tacañería, no quieren gastar en comer, ¿no sabías?
- No sé, yo no los conozco así. Joyas antiguas, muebles antiguos, esa es su locura, supongo. Y porcelana.
- Yo creí que los conocías.
- Bueno, más o menos. Si alguien de ellos te invita a tomar el té, mantel y porcelana tenés asegurados, pero no demasiado de comer, pan tostado y alguna mermelada agria, a la inglesa.
- Sigue con Pozzi.
- Él me vino con ese ataque. Y yo fui tonta, me puse a la defensiva y le dije que esa era una frivolidad sin importancia., que uno usaba ciertas palabras por simple costumbre. En el fondo estaba convencida que no. Y ahí me ganó el primer round. Porque es una enfermedad nacional, allá, el berretín de ser distinguido.




Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.